Mi bola de cristal lleva en garantía desde 2019 y no me la han querido reponer. Pero no importa — nunca la necesité. Para eso está el ojo.
El gato dice que no debería publicar la mitad de lo que publico. El gato también se lame las patas y duerme 18 horas al día, así que su opinión editorial está en revisión.
¿Quién soy? Eso quisiera saber yo. Lo que sí sé es que huelo lo raro desde lejos, y cuando algo no cuadra, no me quedo tranquila hasta que encuentro por qué.
El método es simple: echo al caldero todo lo que encuentro — un número de aquí, una declaración de allá, un dato que nadie pela, una coincidencia conveniente. Por separado no dicen nada. Pero revuelves tantito y solitas se van acomodando. Lo que queda a la vista siempre estuvo ahí. Nada más que nadie se había tomado la molestia de juntarlo.
¿Me equivoco? Seguro. ¿Me callo? Jamás.
Si llegaste hasta aquí buscando nombres, caras o credenciales, lamento informarte que la brujita no revela sus ingredientes. Política de la casa. Al gato le quedan pocas vidas y no pienso arriesgar otra.
Excel fallará, pero ojo de loca no se equivoca.