Ya hablamos de cómo Honda te vende motos chinas Sundiro con apellido japonés. Hoy toca el siguiente nivel: las motos que cuestan lo mismo que un coche decente, que pesan lo mismo que un Tsuru, y cuyos dueños usan para ir al Oxxo con equipaje de expedición al Himalaya. Este post no es para burlarse — es para ahorrarte dinero y vergüenza. Ambas son valiosas.

El señor de los 249 kilos

Esto no es hipotético. Un señor en una BMW GS 1250 — la grande, la de los viajes épicos, la de las fotos en brechas que nunca va a cruzar — estacionada en una calle con ligera bajada. Quiso arrancar. El problema: adelante tenía la fascia de un coche, y atrás tenía la gravedad y 249 kilos de moto en seco. Con piloto, gasolina y sus alforjas de fin de semana: fácil 320 kilos que la cuesta no iba a dejar retroceder.

Pasaron varios motociclistas. Lo vimos. Seguimos nuestro camino. No porque seamos gente sin corazón — sino porque no había nada que hacer que él no supiera ya: la calle era del coche y la física no negocia. Terminó con la fascia del vecino doblada y una maniobra de diez puntos para salir.

Al menos la Honda Gold Wing tiene reversa eléctrica. En serio, Honda llegó a la conclusión obvia: si vas a hacer una moto de casi 400 kilos para señores que ya no están en los cuarenta, más vale que puedas sacarla del lío sin pedir ayuda. BMW no tuvo esa gentileza con la GS 1250. Y el que ya anda en Gold Wing, dicho sea de paso, está a un paso de terminar en un Harley Davidson tricíclico de los geriátricos de Florida — que es básicamente el destino natural de ese arco de vida. Sin vergüenza, ese camino lo recorremos todos si tenemos suerte de llegar.

El cuento de la aventura que no vas a vivir

Las maxitrails son el mayor fraude conceptual del mercado de dos ruedas. No porque sean malas motos en abstracto — sino porque el 99% de quienes las compran nunca las van a usar para lo que supuestamente fueron diseñadas.

BMW GS 1250, Honda Africa Twin, Yamaha Ténéré — todas te venden el mismo sueño: tú, la terracería sin nombre, un mapa de papel y el horizonte. La realidad: tú, el periférico a las siete de la mañana, el Tsuru que no te vio, y el estacionamiento con topes de diez centímetros que la moto no pasa en línea recta.

¿Funcionan en terracería? Más o menos, y con condiciones. En brechas planas y tranquilas aguantan. Pero en cuanto la cosa se pone seria — barro, piedras grandes, pendiente — el peso, la altura del asiento y el centro de gravedad te cobran la factura.

Los videos de Instagram donde parecen invencibles tienen algo que no te dicen: detrás de la toma perfecta hay cuarenta intentos malos, un camarógrafo, y a veces la moto ya estaba acomodada en el punto donde la foto se ve bien.

No cruzas África en una GS 1250 sin ser un piloto profesional con equipo de apoyo. El señor de enfrente en el semáforo, con su GS reluciente y sus botas impolutas, no es ese piloto. Y está bien — pero entonces compra lo que realmente necesitas.

Lo que podrías tener en cambio

Una GS 1250 nueva ronda los $340,000 pesos en México. Con ese mismo dinero, siendo un poco creativa, puedes tener:

  • Una buena moto de touring para carretera larga
  • Una enduro ligera que de verdad aguante terracería porque pesa menos de 130 kilos y la puedes levantar sola
  • Una citadina para el día a día donde no gastes el corazón en cada estacionamiento

Tres motos. Distintas, especializadas, cada una haciendo bien lo que la GS pretende hacer todo a medias. Y con lo que te queda del presupuesto de ropa de expedición te das el cambio de aceite de las tres por un año.

¿Y la gasolina? Sí, la GS 1250 rinde algo mejor en autopista que un Audi A3 — unos dos litros menos por cada 100 kilómetros en condiciones iguales de crucero. En un viaje largo, esa diferencia se traduce en unos $700 pesos de ahorro. Setecientos pesos. Que se los gastas en el primer café del camino porque llegaste agotada, con las manos entumidas, sorda del viento en el casco y con la espalda haciéndote recordar cada bache de la autopista. El A3 llega con la conductora descansada, con música, con aire, comiendo cacahuates. Elige.

El cierre incómodo, con cariño

Dato rápido que no inventé: el comprador promedio de BMW tiene 56 años y un ingreso familiar arriba de 124,000 dólares anuales. El de una GS 1250, el modelo más caro de la línea, estira ese perfil todavía más. Es decir: el público que compra una maxitrail de ese calibre ya está, estadísticamente, en la edad y en el nivel económico donde viajar cómodo en coche no solo es posible — es la decisión más sensata.

Si ya tienes más de cuarenta y cinco años y el poder adquisitivo para gastar $340,000 pesos en una moto, también tienes para un Toyota Camry con todo incluido: aire acondicionado, control de crucero, cajuela grande y reversa que no depende de que la gravedad te lo permita. El viaje a donde quieras lo haces sin casco, sin fatiga de viento, escuchando lo que quieras y con tu starbuck. Llegas descansado. Sin drama. Son coches excelentes, los manejas diez años sin contratiempos, y hay gente muy inteligente que los maneja.

Y si aun así insistes en sentir ese reloj alemán que es el motor boxer de una GS, hay buenas noticias: el mercado de seminuevos está lleno de ellas. GS 1250 con pocos kilómetros, bien cuidadas, a precio de remate. Son las que las viudas venden. No preguntes más.

La derrota real no es reconocer el momento. La derrota real es seguir pagando el precio del logo, el precio del sueño y el precio del ridículo — cuando la única aventura que te queda es salir del estacionamiento sin consecuencias.


¿Me equivoco? Seguro. ¿Me callo? Jamás.

Excel fallará, pero ojo de loca no se equivoca.