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Hay decisiones corporativas que te recuerdan que un traje caro y un salario de gerente no le quitan a nadie la capacidad de hacer el ridículo.

Esta es una de esas.


Corría 2018 cuando vi la noticia: Banco KEB Hana México llegaba al país. Uno de los bancos más grandes de Corea del Sur, expandiendo operaciones. Hice lo que cualquier persona con instinto básico hace: fui a comprar los dominios. kebhana.mx y kebhana.com.mx. Unos minutos, unos cuantos pesos. Inversión ridícula para lo que representaba.

Luego intenté contactar al banco. Varias veces. Con paciencia. El mensaje era simple: “oigan, tengo sus dominios, arreglemos esto.”

Mi sueño no eran los 30 mil pesos que pedía. Mi sueño de verdad era una cuenta de débito gratuita de por vida — de esas básicas que cualquier banco ofrece al público general — pero con tarjeta negra de millonario.

Era joven. Me bastaba un solo plástico negro con el logo del banco y dos aros plateados para presumir en el antro donde me gastaba el sueldo de la semana. Puro placer estético.

Aunque igual, con solo 10 mil pesos en efectivo y sin nada más hubiera estado feliz. Unos 500 dólares al cambio de entonces. Lo que probablemente le cuesta a un ejecutivo de Kebhana el agua mineral del hotel en un viaje de negocios.

Pero Kebhana prefirió hacerme esperar. Y esperar. Y esperar.

Metí algo de presión: creé una cuenta de correo con el dominio, la publiqué en redes. Me reportaron en todas. Error mío, lo acepto. Pero lo que vino después fue donde el banco decidió destruirse solo.

Me contactaron con un abogado.

No uno cualquiera. De esos con página web de película gringa. Foto en blanco y negro. Curriculum seguramente “impresionante”. Todo para decirme que me iba a demandar y hundir si no cedía los dominios. Se tomó la molestia de recordarme que todas mis llamadas previas al banco estaban grabadas y serían evidencia para el juez.

Detalle que se agradece.

Gratis. Quería que se los diera gratis.

Mi respuesta fue inmediata: los dominios al mercado abierto. Sin precio fijo. Para quien llegue primero. Ya no son míos, que conste. Pero tampoco son de Kebhana.

A la fecha, Banco KEB Hana México opera en bancokebhana.com. Uno de los bancos más grandes de Corea del Sur, con presencia en 24 países, llegó a México y quedó atrapado en un dominio que suena a financiera de barrio. bancokebhana.com. Eso. Eso es lo que eligieron.

Para dejar claro: KEB Hana es un banco regulado, legal, con décadas de historia en Corea del Sur. El problema no es lo que son — es lo que eligieron parecer. Y esa diferencia es culpa de ellos, no mía.

Cualquier cliente que busque kebhana.mx llega a quién sabe dónde. Para un banco — cuyo único producto real es la confianza — eso no es un detalle técnico. Es parecer pirata todos los días, a toda hora, gratis y para siempre.

No sé cuánto le pagaron al abogado de película. Pero sé que los de ese perfil no salen baratos.

Y sé que yo me hubiera ido feliz con 10 mil pesos. Diez mil pesos que era exactamente mi sueldo mensual en aquel entonces.

El sueldo de alguien sin preparatoria terminada, que con instinto básico vio lo que un banco con gerentes de licenciatura, traje y corbata no supo ver.

Pero bueno. Los de traje son los listos.


Ah, y un dato final. La Condusef les dio 9.95 de 10 en atención al cliente. El mejor banco de México en ese rubro. Número uno. Por encima de BBVA, Banamex, todos.

Claro que tienen buena atención. Con los diez clientes que deben tener, cualquiera atiende bien. ¿Quién va a confiar su dinero a un banco que no pudo obtener ni su propio dominio?

Me amenazaron con un abogado de película por un dominio que nunca consiguieron.

Brillante, señores. Brillante.


¿Intenté contactar a Banco KEB Hana México para ver si me daban permiso de hacer esta publicación? Por supuesto. No supe cuál era su email, pero algo me decía que podría encontrarlo en kebhana.mx.

…Por supuesto.

Ustedes entenderán. Aunque parece que los que trabajan en Kebhana, no.