
Los cuentos crueles te salvaron la vida (y a tus hijos se las van a quitar)
En 1812 los hermanos Grimm publicaron una versión de Blancanieves donde es la madre biológica quien quiere matarla. No la madrastra. La mamá. Y eso era lo más sano del libro. En esa misma primera edición, las hermanastras de Cenicienta no fallan en meter el pie en el zapato — se cortan los dedos y los talones con un cuchillo para que les quede. El príncipe se da cuenta porque va dejando un rastro de sangre. Al final, durante la boda, unas palomas les sacan los ojos a picotazos. ...